La Tragedia del 0961

En Diciembre de 1945, luego de terminada la Segunda Guerra Mundial, el Cuerpo de Aeronáutica Militar de Guatemala –CAM- se vio beneficiado con la transferencia de aeronaves mediante el uso de los últimos fondos del programa de ayuda militar Lend-Lease; dicha transferencia incluyó seis entrenadores artillados North American AT-6D Texan virtualmente nuevos, tres bombarderos livianos Beechcraft AT-11 Kansan, 10 entrenadores primarios Fairchild PT-19A Cornell, y tres transportes Douglas C-47A Skytrain, todos entregados oficialmente en el trascurso del año siguiente.

La incorporación de estos C-47A marcó el inicio de una nueva etapa en el CAM,  ya que por primera vez el  arma aérea contaba con aeronaves capaces de transportar tropas y carga sobre largas distancias, algo que hasta aquella época no se había tenido. Dichos aviones recibieron los números de cola “T-1” (No. De serie del fabricante: 20469, ex USAAF 43-16003), “T-2” (No. De serie del fabricante: 34406, ex USAAF 45-1136) y “T-3” (No. De serie del fabricante e identidad previa desconocidos), la “T” significando que pertenecían al Escuadrón de Transporte.

Douglas C-47A FAG T-1
El Douglas C-47A "T-1" fotografiado en La Aurora por Peter C. Boisseau en 1946, poco después de su arribo. Crédito: Peter C. Boisseau vía Gary G. Kuhn

Con la introducción de los nuevos equipos también llegó la transformación del CAM en la Fuerza Aérea de Guatemala –FAG, a cargo del recordado Coronel Rodolfo Carlos Mendoza Azurdia. Dicha transformación incluyó la restructuración total de las unidades de vuelo, creándose para el efecto la figura de los escuadrones mixtos integrados –cada uno de ellos- por aeronaves de transporte, de caza, de entrenamiento y utilitarios. Así mismo se introdujo un sistema nuevo de numeración de los aviones, pasando del tradicional número de cola de dos dígitos usado por el CAM a uno de cuatro, con los primeros dos significando el escuadrón a que pertenecía la aeronave, y los siguientes dos al número de la aeronave en sí.

Fue de esa forma que los tres C-47A recibieron los números de cola FAG “0515” (ex T-1), “0653” (ex T-2) y “0961” (ex T-3), quedando incorporados a los escuadrones mixtos “05”, “06” y “09” respectivamente. Un cuarto C-47A fue adquirido a principios de 1947, tomando el número de cola “0749” (No. De serie del fabricante: 20046, ex USAAF 43-15580) al ser asignado al escuadrón “07.”

Como era de esperarse, los cuatro transportes Douglas se convirtieron en los caballos de tiro de la incipiente FAG, participando en numerosas misiones que iban desde apoyo a operaciones militares tales como la emergencia en la frontera con Belice en Mayo de 1948 y la revuelta de Puerto Barrios de Noviembre de ese mismo año, en las cuales su actuación fue clave al transportar tropas y pertrechos; hasta aquellas de acción cívica como las realizadas en Octubre de 1949 durante las cuales se lanzaron parapacks con comida, medicinas y frazadas a los damnificados de las poblaciones de la costa sur que se vieron afectados por inundaciones y deslaves, luego de un severo temporal.

Douglas C-47A "0653"
Douglas C-47A "0653" en uno de los vuelos para lanzar parapacks a los damnificados por las inundaciones en la costa sur en Octubre de 1949. Crédito: Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca

Así mismo, uno de éstos aviones, el “0653”, al mando del Coronel Luis Antonio Girón Cartagena, se convirtió en el primer avión de la FAG en realizar un vuelo hacia Sudamérica en ese mismo año de 1949, transportando a un grupo de universitarios que habían sido invitados por distintas casas de estudio de Argentina y Chile. En aquella ocasión, el “0653” también se convirtió en el primer avión Guatemalteco en cruzar el paso del Aconcagua, en la cima de los Andes.

También una misión de proyección cívica serviría de marco para la pérdida del primer C-47A de la FAG, la cual narraremos a continuación.

La Hora Cultural del Ejército

Con el advenimiento de los gobiernos revolucionarios, el aspecto cultural fue puesto en alta estima en el país. Muestra de ello era la constante organización de eventos artísticos de todo tipo, empezando por lo que dio en llamarse la “Hora Cultural del Ejército” que en sí era un programa radial transmitido por la radiodifusora oficial TGW, que reunía en su seno a lo más granado del arte nacional, entre locutores, cantantes, intérpretes y compositores, quienes diariamente hacían las delicias del público guatemalteco. Dicho programa era una autentica caravana que  recorría el país llevando su arte al ciudadano de a pie, acercándolo y compenetrándolo de manera especial con los artistas nacionales.

La “Hora Cultural del Ejército” programada para el sábado 27 de Octubre de 1951 iba a transmitirse desde la lejana cabecera de El Petén: La bella isla de Flores, en un intento de acercar a la población del remoto departamento al ambiente artístico de la ciudad. Para el efecto, el Ministerio de la Defensa ordenó que los artistas y técnicos radiales,  junto a sus equipos e instrumentos, fueran transportados en uno de los C-47A de la FAG hasta el campo aéreo de Santa Elena, muy cercano a la cabecera, para luego ser llevados en una embarcación hacia la misma.

El avión designado para el vuelo fue el “0961” e iba bajo el mando del Mayor Enrique Pérez Guisasola, teniendo como copiloto al Capitán José Ángel Escobar Mendieta, completando la tripulación los mecánicos de aviación Casiano Castañeda y Enrique Meléndez. La caravana de artistas iba encabezada por el inmortal Paco Pérez, autor y compositor de “Luna de Xelajú” y su pianista Mario Lara Montealegre, además de Antonio Almorza, Antonio Rubio, Enrique Negreros, Fidel Pérez de León, Florencio Noé Juárez, Francisco Arrué, Francisco Cobos Montenegro, Francisco Monterroso, Germán Bayer Santacoloma, Héctor Flores, Humberto Oliva, Juan De León Cifuentes, Julio Vásquez, Lilly Andreu Spillari, Luis Rivera, Manolo Rosales, Manuel Victoriano Echeverría, Mariano Prera, Miguel Angel De León, Oscar Mondragón, Rafael Centeno, Roberto Aparicio, Salomón Argueta, Víctor Alfaro Navas, Víctor Manuel Tapia y Zoila Luz Estrada.

Paco Pérez
Paco Pérez

La Caída

Para narrar lo acontecido luego de que el “0961” llegara a su destino, transcribimos un extracto de la columna “Memorias Intimas”, publicada por la señora María Elena Schlesinger en el diario El Periódico el 20 de Junio de 2009: “Al aterrizar en Santa Elena, los jefes militares y el pueblo salió a su encuentro ofreciéndoles un banquete en la Zona Militar. Luego abordaron la embarcación Cotalimax para dirigirse a Flores. La actividad no se pudo realizar en el Parque Central por el mal tiempo, así que se llevó a cabo en el Salón Municipal. El público se deleitó pidiéndoles más de su repertorio; querían tocarlos, saludarlos o simplemente hablarles un momento.

Al final de la tarde, luego de dar por terminada la jornada cultural, la caravana se aprestó a regresar a la capital, siempre a bordo del “0961.” De nuevo recurrimos aquí a la narración de la señora Schlesinger, publicada en su columna “Accidente Aéreo en Petén” del 13 de Junio de 2009 en el diario El Periódico, para enterarnos de cómo ocurrió el accidente: “El mal tiempo imperaba y el capitán del vuelo, Enrique Pérez Guisasola, informó a sus pasajeros antes del despegue que la turbulencia aumentaría a su paso por Alta Verapaz. Ya en el aire, a tan sólo 90 segundos de haberse iniciado el vuelo, los pasajeros advirtieron que el motor derecho de la nave se incendiaba. El avión comenzó a tronar y el fuselaje de hierro se sacudió violentamente. No hubo gritos ni rezos, pero la angustia ante la inminente tragedia se reflejó en los rostros de los pasajeros. En cosa de instantes, el avión se precipitó al suelo, rasurando a su paso la copa de los árboles en la selva.

Restos del 0961
Sección trasera del 0961, tal y como quedó luego de precipitarse a tierra. Crédito: Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca

Luego del impacto, el noble avión se partió en pedazos, y casi inmediatamente sus restos se prendieron en llamas debido al combustible. Entre los hierros retorcidos se encontraban los únicos sobrevivientes de aquella tragedia: Lilly Andreu Spillari, Zoila Luz Estrada, Antonio Almorza, Salomón Argueta y Enrique Negreros, a quienes, luego de darles los primeros auxilios, se les llevó al hospital de San Benito. Una vez allí fallecieron la señora Andreu, y los señores Argueta y Negreros; quedando en situación delicada el señor Almorza y la señora Estrada. (Felizmente, ambos lograron sobrevivir.)

Luego de concluidas las labores de rescate de los cuerpos de las víctimas, fue el propio Jefe de la Fuerza Aérea de Guatemala, Coronel Luis Antonio Girón Cartagena, quien volando el C-47A “0653”, los trajo de regreso a la ciudad capital. Por aquella gesta el Coronel Cartagena fue condecorado con la “Estrella de Bronce” el 20 de Diciembre de ese mismo año.

Restos del 0961
Vista general del área de impacto final. Crédito: Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca

Con respecto a las causas del accidente, es difícil determinarlas, más allá de que el avión definitivamente despegó de Santa Elena con un motor incendiado, el cual seguramente estaba siendo embanderado por el piloto cuando finalmente el avión se precipitó a tierra. En todo caso, se descarta que el fuego se haya producido por que alguno de los pasajeros iba fumando, tal y como se rumoró por mucho tiempo, ya que el fuego se inició, sin lugar a dudas, en el motor, tal y como lo demuestran las fotos que el personal de la FAG tomó de los restos.

Restos del 0961
Otra vista de los restos del 0961. Crédito: Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca

Para cerrar éste breve artículo, trascribimos otra de las columnas de la señora Schlesinger sobre el tema, publicada también en el diario El Periódico el sábado 27 de Junio de 2009:

Con el correr de los días, Guatemala comenzó a conocer las pequeñas grandes historias de las víctimas del trágico accidente aéreo ocurrido en Petén en 1951.

La historia de Francisco Arrué es conmovedora. Era violinista profesional egresado del Conservatorio Nacional y alumno destacado del famoso maestro violinista guatemalteco, Andrés Archila. Arrué murió a los 24 años de edad, 3 días después del nacimiento de su primer hijo.

Otro de los fallecidos, Roberto Aparicio, era técnico de radio y para entonces vivía en casa de su mamá. La noche al accidente, su anciana madre, acongojada por un fatídico presentimiento, esperó la llegada de su hijo levantada y rezando. A las cinco de la mañana, tocaron a la puerta de la casa: la tragedia se había consumado.

Rafael Centeno era trombonista profesional fue parte de la llamada fanfarria de la Banda Marcial y de la Orquesta de la Guardia Civil. Según nos relata Antonio Almorza, uno de los dos sobrevivientes en su obra Historia de la radiodifusión guatemalteca, la madre de Centeno nunca creyó que el cadáver que le habían entregado fuera el de su hijo. El día de los funerales recorrió la ciudad visitando las casas de las demás víctimas, buscando dentro de los ataúdes un cadáver que se pareciera al de su hijo Rafael. “Yo tengo la impresión”, repitió toda su vida desconsolada, “que mi hijo no era el que me llevaron, sino uno que vi en una casa de por el barrio El Tuerto”. La verdad sea dicha, muchos de los cadáveres quedaron totalmente destrozados y la tarea de reconocimiento fue realmente difícil.

Juan de León Cifuentes, músico, nunca conoció a su pequeña hija, quien nació dos meses después de su muerte. Por su parte, la madre de Manuel Victoriano Echeverría, radiotécnico de la TGW, también presintió el desenlace fatídico de su hijo. Como a las seis y media de la tarde del sábado del accidente, iba caminando por la 20 calle cuando sintió como una puñalada por dentro. Sin saber lo que pasaba, llegó a su casa llorando, en donde le dijeron que su hijo se había ido a Petén con el contingente de artistas. Lloró desconsolada el resto de la noche pensando lo peor. A las cinco y media de la mañana del domingo, empleados de la TGW llegaron a su casa a darle la noticia del percance quedando momentáneamente ciega.

Un amable lector de mi columna, Fernando Mendoza, comparte con nosotros la siguiente anécdota. El día de aquel fatídico accidente, su mamá trabajaba en el aeropuerto y tuvo la oportunidad de conversar con el piloto de la nave accidentada, Enrique Pérez Guisasola. Pérez le comentó, que el viaje que estaba por realizar sería el último, ya que su esposa no quería que siguiera volando temerosa de alguna tragedia. Aquel sería, en definitiva, el último vuelo para el piloto Pérez Guisasola.

Restos del 0961
Motor derecho del 0961. Crédito: Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca

Finalmente, es necesario apuntar que el “Día del Artista Nacional” se celebra el 27 de Octubre precisamente en memoria de los fallecidos en éste accidente que enlutó a todo un país.

Click para escuchar Luna de Xelajú interpretada por el mismo Paco Pérez:

Mario Overall
Aviación de a pie

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One thought on “La Tragedia del 0961

  1. Francisco Sagastume 12 noviembre 2010 / 8:14 AM

    Muchas gracias por compartir este interesante artículo. Dicha tragedia representa mucho en lo personal ya que mi abuelo, Pablo Peña Wagner (ex-director de la banda marcial de el petén y autor de la conocida melodía “Ciudad Flores de Noche”) entregó la mayor parte de su repertorio de obras musicales a uno de los músicos que iba a bordo de esta aeronave, esto con el afán de dar a conocer el trabajo de su vida en la ciudad capital. Claro está que dicho repertorio se quemó junto con los restos del 0961. Gracias por relatar de forma tan completa esta fatídica historia.

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