Historia de la Aviación en Guatemala – Parte I

Este es el primero de una serie de artículos publicados por José A. Quiñónez, en el “Directorio General de Guatemala” del año 1929, que describen la evolución de la aviación en dicho país de boca de los propios pioneros, quienes escriben de su puño y letra para la posteridad. Una copia digital de dichos artículos puede ser descargada acá en formato PDF.

De la Riva

Con un artículo suyo, abrimos estos resúmenes, que revestirán sumo interés para el público del país.

Desde los comienzos del desarrollo de la aviación en Europa y Estados Unidos, yo los seguí paso a paso, y a la vez que progresaba, yo sentía más deseo de llevar a la práctica algunos ensayos de vuelo con planeador y que por los libros y tratados que había leído, el que más me gustaba era el tipo “Chanutte Hering.” En esto estaba cuando vino, por el año de 1910, el señor Luis E. Ferro, con la idea de explotar cándidos que quisieran aprender la aviación; el dijo ser un piloto, y anunció que daría clases; hubo uno o dos que cayeron; pero yo siempre desconfié y desde entonces creo que me tomó ojeriza, como se verá más tarde.

Alberto de la Riva
Alberto de la Riva - Precursor de la aviación Guatemalteca

En Marzo de 1911, mandé a construir, por fin, mí ansiado planeador, a la carpintería del señor Víctor Ortíz, el cual estuvo terminado en el mes de Junio del mismo año; como era natural, despertó curiosidad por verlo, y la carpintería, en donde estaba, parecía una romería para verlo; pero como nunca falta un pero, hubo un sujeto muy bien intencionado, que le dio varios navajazos a la tela de las alas, y tuve que cambiarla; de allí lo pasé, desarmado, a la tienda que tenía mí papá en la 9a. Avenida Sur, No. 1, a esperar que llegara la comisión nombrada para dictaminar con respecto a la calidad del aparato y si reunía las condiciones necesarias para hacer mis ensayos; dicha comisión estaba integrada por el Capitán Chaigné y el Ingeniero Enrique Invernizzio, quienes, después después de un minucioso examen, dijeron que se me permitiera hacer los ensayos; pero con peso muerto, con lo cual me descorazonaron grandemente, pero esto no fue obstáculo para que me saliera con la mía e hiciera varios ensayos, unos con peso muerto, para que no criticarán, y otros con su servidor, en uno de los cuales di una soberbia vuelta de gato, que todavía me acuerdo de ella, pero ya era imposible, pues eran molestias de cada rato, por lo que decidí, en espera de mejores tiempos, seguir en la Aviación.

Planeador de Alberto de la Riva
El Planeador, el primero y único avión sin motor, construido por Víctor Ortíz, bajo la dirección del entusiasta Alberto de la Riva

Durante el tiempo que estuve haciendo mis ensayos, casi todos los periódicos hablaron: Unos decían que era un desalmado; otros, que era una barbaridad lo que iba a hacer, que era un suicidio premeditado; y otros, que era un valiente, y la mayoría de ellos pedía al Gobierno que me mandara a estudiar; pero el gobierno ni siquiera me tomó en cuenta. Con el entusiasmo que estos mis primeros ensayos causaron, se decidió por fin el Gobierno a inaugurar la Academia de Aviación, y mandó traer dos aparatos de lo más malo que se puede imaginar: Uno tipo “Bleriót” y el otro “Newport”, los dos monoplanos y desprovistos de todo aparato que pudiera utilizarse, ya fuera brújula, nivel, en fin, algo; nada por desgracia. La Academia quedó formada así: Director, Luis E. Ferro; Profesor y Piloto Aviador, Míster Wood; Mecánico N.E. Bang y Profesor, Dante Nannini, que, para colmo de males, mientras Wood ganaba cuatrocientos dólares mensuales, hotel y pasajes de ida y vuelta, Dante ganaba únicamente cuatrocientos pesos moneda nacional, los cuales costaba un triunfo que se los pagaran. Así las cosas, se fundó la Academia; cada alumno nos mandamos a hacer, por cuenta propio, nuestro uniforme; yo, encantado de la vida. Eramos, Delfino Sánchez Latour, José Minondo, Donato González Tripaluri, el Barón Ernesto de Merk y Escobar, quien era un Coronel de Artillería.

Luis E. Ferro
El flamante "Aviador de tierra firme", Luis E. Ferro. La foto viene de una nota publicada sobre él en el Diario de Centroamérica, en 1910, luego de su llegada al país. (Archivo Fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca)

Todas la mañanas teníamos que estar en el Campo de Marte antes de las seis, y todo llegábamos con el entusiasmo natural del que desea aprender algo que le gusta. En el campo, después de las prácticas, nos desayunábamos al vuelo. El hangar era un cajón de madera; los aparatos, ya podrán juzgarse por las fotografías lo que eran. Pero para nosotros, es decir, para mí, era la gloria, lo más bonito, era la ridiculez que se hacía por el entonces Ministro de Fomento, pues él en persona llegaba todas las mañanas con las llaves del cuarto donde se guardaba la gasolina, en la bolsa, y nos daba únicamente lo justo para nuestros ensayos; y acto seguido, se guardaba cuidadosamente la llaves. La gasolina que pedían, por una economía mal entendida, era baja de grado, al punto de que la que por casualidad quedaba en el tanque, al día siguiente no servía. Antes de los vuelos y para ver si el aparato tenía fuerza bastante para elevarse, le enganchábamos a una balanza de resortes, como esas que usan en las carnicerías para pesar la carne, y esta nos daba el dato si “jalaba” la suficiente para encumbrarnos.

Hubo algunas volteretas, pero sin ninguna importancia, y corríamos divinamente el aparato por el campo que, a decir verdad, las primeras veces daba mucho que hacer, y sobre todo, que estábamos siempre de purga, por la mucha cantidad de aceite de castor que despedía el motor.

Nieuport Moisant 6M
El Nieuport Moisant 6M adquirido por el gobierno de Guatemala para la Academia de Aviación. Nota publicada en el Diario de Centroamérica el día Sábado 12 de Julio de 1913. (Archivo Fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca.)

El primer accidente serio que hubo, fue el mío, un 14 de Junio. Fue así: Eché a correr, como todos los días, con el aparato, en el campo, y vi que tomaba mucha fuerza, y le pregunté al mecánico: “¿No tiene fuerza esto para subir?” “No” – me contesta. Yo satisfecho le doy toda la máquina, y levanta la cola (el aparato), y como en la parte posterior tenía un palo en vez de rueda, que servía de rozadera, la baje para hacer esa maniobra; pero como había tomado ya bastante fuerza inicial, me elevé; cuando dije “¿Qué es esto?”, estaba ya bien alto, y como salía del campo (el aparato era el “Newport”, que estaba destinado solo para correr en el campo), no llevaba gasolina suficiente, la hélice era hecha en el país, y por cierto, muy mala, pues tenía una pala más flexible que la otra; y yo no iba amarrado, como acostumbrábamos cuando volábamos, pues quise dar la vuelta, y la di; pero con tan mala suerte, que me vine con todo y aparato de una altura de más de veintidós metros, yo en el brevísimo instante que me separaba de la madre tierra, pensé caer convertido en tortilla, pero francamente, no tuve tiempo para pensarlo, creo más bien que lo pensé después, pues cuando dije “¿Qué pasa?”, sentí un ruido enorme, una caravuelta en el espacio, y este humilde servidor que se sale del aparato, sin una leve señal. Dante dicen que se tapó los ojos y dijo: “¡Ya se mató Alberto!” Pero se ve que todavía no era llegado mi ratito; luego llegaron al lugar del suceso, Dante el primero, Míster Wood y los demás compañeros, y todos asustados me preguntaban si no estaba muerto o por lo menos con algo roto; trabajo les costó convencerse, ¡pero no tuvieron más remedio! El único que no estaba era nuestro querido Director, a quien todos queríamos más que a un rayo, pues el susodicho señor Ferro, que me las guardaba, se fue, para ajuste de penas, montando en su bicicleta, y le fue a dar parte al Presidente Estrada Cabrera, diciéndole que yo me había dejado caer con el aparato, con el firme propósito de que no estuviera listo para el 30 de Junio, pues dicho sea de paso, la aviación, en aquel entonces, solo servía para las fiestas patrias, a semejanza de los castillos que encienden en el parque. Desde este momento ya empezó el calvario, querían que yo pagara la compostura del aparato -¡setecientos cincuenta dólares, casi nada!- Y el entonces Ministro de Fomento, con una finura muy delicada, me instigaba a que debía pagar el aparato. Esto duró más de un año, hasta que al fin, don Manuel se compadeció de mí y ordenó que no se me molestara más. Pero el único culpable de mi calvario fue el Aviador de tierra firme Luis E. Ferro, que no cabe duda que volaba, pero era oreja, a lo que se dedicó más tarde, siendo un verdadero “as.”

Fundación de la Academia de Aviación
La famosa foto en la cual se ven a alumnos, instructores y oficiales de la Academia de Aviación Nacional, tomada el día de su fundación el 30 de Junio de 1914. El segundo, de izquierda a derecha es Dante Nannini, el cuarto es Alberto de la Riva y le sigue Luis E. Ferro, Director de la Academia. En el extremo derecho aparecen N.E. Bang y Clyde Murvin Wood de la Moisant Aviation School. El avión frente al que posan es el Bleriot XI de la Academia. (Archivo fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca.)

El segundo accidente que hubo fue el que le causó, por un mal manejo en las llaves, el Coronel Escobar a Dante Nannini. Fue así: Estaba el Coronel metido en su sitio, en el aparato, y Dante le dijo que no pusiera el switch para que se llenaran todos los cilíndros de gasolina, y después de hacer andar la máquina, el Coronel Escobar dijo que estaba fuera y Dante, confiado, se metió demasiado en el campo de la hélice para darle vuelta, y cual no sería nuestra sorpresa al ver que funcionó rápido el motor y por desgracia, la hélice alcanzó a Dante en la pierna derecha y daba grandes botes en el suelo, por el dolor; lo recogimos, se le hizo la primera curación, se le trasladó a su casa y estuvo por espacio de casi dos meses en cama.

El tercer accidente lo sufrió un Aviador americano que había traído para probar un aeroplano muy galanote que habían comprado en Estados Unidos, pero una solemne porquería; se sube el Aviador, que era Míster Minerly Wilson, en el aparatote muy bien pintado de aplomado, y al no más despegar, se cayó entre la milpa de los terrenos del señor Joaquín Montt, cerca del campo de Aviación, y estuvo entre la vida y la muerte, hasta que lo llevaron a Estados Unidos, para ver si recobraba la razón, que la había perdido casi por completo.

El cuarto accidente lo sufrió otro Aviador que vino a reemplazar a Míster Wood, de nombre W.S. Jerwan. Este señor venía en el Bleriót, y cayó de una altura de poco más o menos cinco metros, sobre una casa de Ciudad Vieja, y estuvo más de tres meses en cama, pues se había lastimado a más de la cabeza, la columna vertebral.

Yo, viendo que era improbable seguir en la aviación, por las mil trabas que ponían, decidí dejarla, con todo el dolor de mí corazón.

Una cosa que me pasó y que para mí fue muy célebre, es la siguiente: Estando todavía en la Academia, recibo una orden para presentarme uniformado y a caballo, a las seis de la mañana, de un día de Minerva, al Castillo de San José; y allá me voy, y me dan la orden de que tenía que estar en el Estado Mayor del General que operaba ese día en unas maniobras militares. Ya pueden ustedes figurarse a esta persona, ¡con espuelas, látigo y a caballo! Pero no había más remedio: ¡Tenía siempre ante mí, como una visión macabra, los setecientos cincuenta dólares de la compostura! En fin, para no cansarlos: Estuve todo el día a caballo, y ¡Cómo renegué de estos animalitos!

Llegamos a rendir parte hasta el Castillo, en donde se nos dio franco. Yo veía que la gente se me quedaba viendo por el camino, cuando iba a caballo. Y como uno a veces no deja de tener su orgullito y sus pretensiones, me figuré desde luego, que causaba buena impresión mi figura a caballo, y decidí regresar, ya solo, por la 6a. Avenida. Entonces no se conocía eso tan cómodo del tráfico. Y yo, bueno, más orgulloso que un emperador; pero al pasar por “La Paquetería”, que entonces era el almacén más lujoso, me vi así, de soslayo, en una de las vitrinas, y no sé que sentí al verme: Sólo la cabeza se me veía. Eché pie a tierra, agarré el caballo de las riendas y me lo traje jalando ya, todo el camino, hasta mi casa…



Notas sobre el artículo – Por Mario Overall

Alberto de la  Riva no lo menciona, pero el involucramiento de la Moisant Aviation School en los inicios de la aviación en Guatemala es un hecho que simplemente no puede negarse. Esto se comprueba con la mención, en diversas fuentes, de la presencia de Aviadores y mecánicos de dicha escuela en la Academia de Aviación que el presidente Estrada Cabrera mandó fundar.

Por ejemplo, el Aviador “Míster Wood” mencionado por de la Riva en éste artículo es Clyde Murvin Wood, quien obtuvo su licencia de piloto precisamente en la Moisant Aviation School en 1912, para luego convertirse en instructor de la misma. De la Riva también menciona a “Minerly Wilson”, cuyo nombre real era Wilson Hysup Minerly, quien estuvo a cargo de la demostración del aeroplano “Blue Bird”, construido por Moisant, tanto en México como en Guatemala, donde finalmente se estrelló, tal y como se menciona en el artículo. Un tercer y contundente ejemplo, es la mención de  “W.S. Jerwan” tanto por de la Riva como por el General Miguel Ydígoras (en la segunda parte que habremos de publicar), quien era precisamente el director de la Moisant Aviation School por aquellos días. De hecho, en la División de Archivos del Museo Smithsoniano del Aire y el Espacio, se guarda una gran cantidad de material escrito y fotográfico de Shakir Jerwan, incluyendo toda su correspondencia entre 1900 y 1919. Y es precisamente en esa correspondencia que se puede leer un extenso intercambio epistolar entre el Mexicano Luis E. Ferro y Jerwan, negociando la fundación y equipamiento de una Academia de Aviación en Guatemala, con la venia del presidente Manuel Estrada Cabrera.

Sobre Luis E. Ferro, no hay mucha información. Sólo se sabe que era mexicano y que organizó una feria de aviación en La Habana, Cuba, poco antes de llegar al país. Luego de salir de la Academia, formó parte de distintas comisiones en la administración de Estrada Cabrera, entre ellas la que revisó uno de los tantos diferendos territoriales con Honduras que sostuvo dicho gobierno. De allí el por que Alberto de la Riva lo llama oreja o espía en el lenguaje coloquial guatemalteco.

Finalmente, sobre los aeroplanos que menciona de la Riva, ambos tienen sus orígenes en la Escuela Moisant. El primero es una réplica del Bleriot XI construido en dicha escuela, y el segundo, que de la Riva identifica como un “Newport” es en realidad in Nieuport Moisant 6M “Military Monoplane” el cual era una versión “mejorada” por la Moisant del Nieuport 6M. Este fue el avión que destruyó de la Riva poco antes del acto de fundación de la Academia y el cual querían cobrarle.

Finalmente, reproduzco acá parte de una nota aparecida en el Diario de Centroamérica, el día 12 de Julio de 1913, donde se habla de la clara participación de la Moisant Aviation School en Guatemala.

Nota sobre la Moisant Aviation School en Guatemala
Nota sobre la Moisant Aviation School en Guatemala, publicada en el Diario de Centroamérica, el Sábado 12 de Julio de 1913. La anotación en la parte inferior es del recordado Sgto. Enrique Andrade, por mucho tiempo Jefe de Fotografía de la Fuerza Aérea. (Archivo Fotográfico de la Fuerza Aérea Guatemalteca.)

Mario Overall
Aviación de a pie


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2 thoughts on “Historia de la Aviación en Guatemala – Parte I

  1. alfredo schael 5 diciembre 2010 / 10:13 PM

    leeré con atención lo ofrecido en este blog acerca de orígenes de la avición en guatemala. despejará dudas o acerca a la verdad de hechos relevantes alrededor de los cuales subsisten dudas y desinformación. para alguien con conocimientos, solicitamos cooperación de manera de clarificar la incursión de aviones DC3 venezolanos que desde nicaragua apoyaron ataques nica contra costa rica. eso fue a mediados de 1954. se habla de varios incursiones. los aviones llegaron a managua desde caracas vía panamá. la prensa de la resistencia antidictatorial de venezuela, publicó varios suelos. pero nos interesan precisiones que podrían tener historiadores centroi americanos, testigos y otros. saludos y mario, avanza con el blog. abrazo, alfredo schael. caracas. e mail: ciclon2001@gmail. com

  2. Fabian 6 diciembre 2010 / 11:08 AM

    Magnífico artículo!!!…super interesante estos primeros ensayos de la aviación chapina. Felicitaciones Mario.

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