La Verdad Está En Alguna Parte…

Allá por 1982, Nicaragua estaba pasando por momentos bastantes difíciles. El Gobierno sandinista luchaba furiosamente contra los Contras financiados por los Estados Unidos, quienes a su vez habían lanzado una guerra sucia que no reconocía diferencia entre amigos o enemigos entre la población nicaragüense. Las personas eran vistas como una fuente de víctimas quienes podían ser asesinados en una miríada de formas despiadadas y luego acusar a las fuerzas armadas sandinistas por ello. Atraer la atención de los medios de comunicación hacia aquellas atrocidades era la orden del día. Sin embargo, en el lado sandinista, las cosas tampoco eran tan correctas.

El 9 de Diciembre de 1982, un par de helicópteros Mil Mi-8 de la Fuerza Aérea Sandinista estaban terminando de evacuar al menos 4,000 personas quienes vivían en las orillas de los ríos El Coco y Bocay, llevándolos al poblado de San José de Bocay, donde estarían fuera del alcance de los Contras. Los helicópteros involucrados en aquella misión, el FAS-264 y FAS-265, sacaban entre 60 y 70 personas en cada vuelo, por lo que estaban operando sobrecargados. Hasta aquel día, los dos Mi-8 habían realizados 56 vuelos, totalizando 155 horas. En algunos de esos vuelos, los helicópteros habían enfrentado fuego desde tierra, ya que había varios grupos de Contras moviéndose a lo largo del río El Coco. Sin embargo, los helicópteros no habían sufrido daño alguno, logrando llegar cada vez a su destino.

El último vuelo del día iba a ser efectuado por el FAS-265. Cerca de las dos de la tarde, el helicóptero aterrizó en Ayapal, en donde 80 niños y 10 adultos esperaban a ser evacuados. Luego de aterrizar, el mecánico de la aeronave notó un olor extraño en la sección de carga del helicóptero, muy similar al que produce el caucho quemado. Sin embargo no le puso atención a aquello y procedió a embarcar a los pasajeros. Muy poco tiempo pasó para que se diera cuenta de que no todos podrían irse, ya que no cabían en el compartimiento de carga. De hecho, la puerta lateral no podía ser cerrada debido al poco espacio. Por ende, dos chiquillos fueron bajados del helicóptero y solo entonces el mecánico pudo cerrar la puerta e informar al piloto que todo estaba listo para el despegue. Nadie en la tripulación se preocupó por hacer una revisión de peso y balance. Obviamente a todos les urgía salir de aquél húmedo y caluroso lugar.

Conforme el helicóptero dejaba el suelo, un fuerte crujido fue escuchado por todos los pasajeros. El piloto inmediatamente perdió el control del helicóptero, el cual empezó a girar hacia la izquierda bastante rápido, completando dos ciclos en pocos segundos. El asustado piloto trató de compensar aquella rotación aplicando pedal derecho, pero el aparato no respondía. Fue entonces que se dio cuenta de que el rotor de cola no estaba funcionando. De hecho, las personas en tierra observaron horrorizados como dicho rotor se había detenido completamente, mientras que el helicóptero giraba descontrolado, expidiendo humo negro.

El FAS-265 cayó a tierra en un maizal, y luego se volcó sobre su costado izquierdo, bloqueando la puerta lateral. La cabina se separó del resto del fuselaje, lo que permitió que los pilotos escaparan sin problema. Sin embargo los pasajeros quedaron atrapados en el compartimiento de carga. La gente en tierra y algunos soldados sandinistas corrieron hacia los restos del helicóptero, pero poco antes de lograr acercarse, se produjeron una serie de explosiones dentro de la aeronave que envolvieron en una tremenda llamarada los restos del fuselaje. Al final, 78 niños y 10 mujeres fallecieron calcinados en aquel espantoso accidente.

La Fuerza Aérea Sandinista inició una investigación exhaustiva, luego de la cual se determinó que la transmisión del rotor de cola se había roto debido a fatiga de metal, provocando el accidente. Sin embargo, la versión que dio el gobierno fue otra. En los días siguientes, se empezó a difundir por medios oficiales que la caída del helicóptero la habían provocado impactos de bala. De hecho, se decía que el piloto había escuchado disparos durante el despegue y poco antes de que la aeronave se descontrolara. La versión de los hechos empezó a degenerarse cada vez más mientras se difundía y una semana después del accidente, la población nicaragüense estaba conmovida y furiosa, clamando venganza. El entierro de los fallecidos fue aprovechado por el gobierno para darle rienda suelta a la propaganda, básicamente en forma de candentes discursos en contra de los rebeldes y los imperialistas del Norte.

Veintidós años después, el piloto del FAS-265 decidió confesarse con la prensa: El accidente había sido el resultado de una transmisión rota. De alguna forma, alguien en la cadena de mando o más arriba, en el gobierno, salió con la idea de utilizar aquella tragedia con fines de propaganda, y por ende él -el piloto- había recibido la orden de callar.

Pero ese no es el final de la historia: Durante la corta investigación realizada para preparar ésta nota, se descubrió que el FAS-264, el segundo helicóptero involucrado en aquella operación de evacuación, fue atacado por los Contras poco antes de aterrizar en Ayapal aquel día, al ir a rescatar a la tripulación del FAS-265. De hecho, el helicóptero aterrizó con algunos impactos de bala, pero logró despegar y regresar sin problemas a San José de Bocay.

Y esto, amigos, es una prueba más de que la verdad es constantemente secuestrada por la “gloriosa” versión oficial. Solo Dios sabe que secretos esconde la historia de la aviación militar en nuestros países… ¡Mi consejo: Estar listos para cualquier cosa!

(An English version of this article can be found here.)

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One thought on “La Verdad Está En Alguna Parte…

  1. Tulio 2 febrero 2013 / 1:23 PM

    It has been said, that truth is the first casualty of war…

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